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Notas de Hielo y Fuego

Notas de Hielo y Fuego

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_monserrst.

Por @_monserrst.

📚 Young Adult
🌎 Español
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+18
Adultos Jovenes
Romántico
Dark Fantasy
Fantasía Urbana
Fantasia

Hay personas que nacen. Y hay personas que son creadas. Durante siglos, el mundo convivió con los Elementos: individuos capaces de controlar el fuego, el agua, la tierra o el viento gracias a la energía que fluía naturalmente por sus cuerpos. Eran admirados, temidos y necesarios para mantener el equilibrio entre las naciones. Pero la ambición humana nunca se conformó con observar. En laboratorios ocultos y proyectos prohibidos, científicos intentaron ir más allá de los límites de la naturaleza. Buscaron fabricar poder. Crear guerreros. Construir mediante la ciencia. Y lo que obtuvieron fue algo mucho más peligroso. Lizzeth Cooke jamás supo la verdad sobre su origen. Creció llena de miedos e inseguridades, aunque los extraños dolores en el pecho, las cicatrices que no podía explicar y los secretos que la rodeaban contaban una historia diferente. Porque dentro de su corazón no late un órgano humano. Late un cristal. Un cristal capaz de contener un poder que nunca debió existir. Ahora, al ingresar al Instituto Académico para Elementos, Liz está a punto de descubrir quién es realmente. Lo que no sabe es que algunas verdades permanecen enterradas por una razón. Y que cuando el hielo y el fuego finalmente se encuentren, nada volverá a ser igual


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Lluvia…

Jadeos…

Frío…

Perdí la noción de cuánto tiempo llevo corriendo.

Me dolía respirar, cada paso era una tortura. Mis pies descalzos me llevaron hacia aquel callejón oscuro, completamente sombrío. Quería gritar, pero algo me lo impedía, subconscientemente sabía que yo misma me lo imponía a desgarrarme de esa manera.

Era duro, pero seguía.
Mi hombro izquierdo seguía sangrando, pero yo aún corría hacia la nada misma, sin ningún punto fijo, y con la mirada perdida, empapada de pies a cabeza. Las imágenes se repetían como miles de flashbacks a cada segundo… aún podía ver aquellos ojos llenos de locura, mientras me inyectaban esas sustancias en la sangre. Pude escapar, pero no tengo dónde ir. No tengo a nadie. Estoy completamente sola.

En un instante ya me encontraba en el piso mojado, en un rincón del callejón. No estaba segura en qué momento caí, mi cuerpo estaba tan adolorido que no sentí el impacto. Seguía hiperventilando, y mis lágrimas se mezclaban con la lluvia. Miré mis manos, todo rastro de sangre se borró debido a la lluvia, pero yo aún podía verla, como si hubiese hundido mi mano en un balde de pintura roja.

Más y más recuerdos me produjeron una fuerte puntada en la cabeza obligándome a cerrar los ojos con fuerza y soltar un quejido de dolor.

“¿Qué mierda estaba viviendo? ¿Qué debo hacer? ¿Moriré?”.

Estaba tan asustada que no pensaba con claridad.

— ¿Necesitas ayuda? — escuché a unos metros. Miré hacia donde provenía esa masculina voz. No podía ver bien debido a la oscuridad, pero sí distinguí a un joven con paraguas— me voy a acercar.

Como si fuera un detonante, me puse de pie, en guardia. Aquel chico paró al instante. Temía lo peor por él.

¿Acaso me siguieron? ¿Él me siguió? ¿Lo maté?”.

Como mecanismo de defensa, mi brazo se convirtió en una especie de espada hecha de hielo, el callejón se congeló por completo, y la lluvia se cristalizó. Sí, esos son los frutos del experimento al que me sometieron, ahora soy una cosa rara que mató a mucha gente en aquel laboratorio, y ahora no tiene a donde huir.

— Aléjate, por favor —susurré con las pocas fuerzas que me quedaban.

El joven que tenía frente a mí no se inmutó, siquiera parpadeó. No tenía una vista clara de ello, pero estaba segura de eso. Yo seguía temblando, y en mis ojos se notaba lo aterrada que estaba.

Sin poder evitarlo, mi cuerpo reaccionó con violencia, y lo ataqué, cerré los ojos con fuerza, temiendo lo peor. A pesar de haber atacado, no sentí ningún impacto, con miedo abrí los ojos y la figura del joven desapareció de mi vista. Entonces sentí cómo me sujetaba con suavidad el brazo de donde salía la espada de hielo.

Volví a tensarme y miré hacia atrás dónde estaba él. El paraguas había caído y podía ver su rostro, era joven, entre los 22 y 27, vi sus ojos, y no pude ver ningún rastro de locura o maldad, por más de que se encontraba serio.

— Ya pasó, estás a salvo – dijo sorprendiéndome por completo. Su voz era tranquila pero firme. Casi suave.

Una vez más, comencé a soltar lágrimas y los espasmos a mi cuerpo volvieron, mi brazo volvió a la normalidad, el callejón se descongeló, la lluvia seguía cayendo. Mis piernas perdieron todo tipo de fuerza, mi cabeza seguía dando vueltas, y mis ojos querían cerrarse. Caí rendida en los brazos del joven, quien me sujetó con fuerza, cubriéndome del frío.

– te tengo, estás a salvo –repitió.

— ¿Q-quién eres? –susurré con las pocas fuerzas que me quedaban, mientras conservaba algo de conciencia.

— Llámame Bong… ahora te llevaré a un lugar seguro.

Y tras escuchar eso, cerré los ojos, caí completamente ante el cansancio. Con una sensación de que estaba protegida, con una sensación de que podía dejar de temblar.

"¿Quién es este chico? ¿Por qué me ayudó?"

Carajo, estaba muy cansada, ya no podía huir de ahí, solo me quedaba rendirme, y dejar que el extraño muchacho me llevase a ese lugar seguro, después de todo ¿Qué otra cosa peor podría pasarme que no me hubiese pasado ya?

***

Solté un jadeo de cansancio y abrí poco a poco mis ojos para poder acostumbrarme a la luz solar que entraba por el ventanal. Miré a mi alrededor, estaba en una habitación increíblemente espaciosa, sobre una cama enorme y cómoda. Lo último que recordaba era haber corrido sin rumbo alguno, después la aparición de ese misterioso chico.

"Chico".

"Misterioso".

En cuanto volví a recordar a ese joven, me senté rápidamente en la cama, haciendo que un fuerte dolor me atravesara la cabeza.

"Mierda, duele."

— Estás despierta — escuché una voz de mujer mayor.

Miré a la señora a mí lado, estaba juntando unos vendajes, los acaba de cambiar, aparentemente.

— Tus heridas ya están cerradas. Es sorprendente para alguien tan joven y tan lastimada.

Mi mirada se apartó de ella y bajó a mi cuerpo, tal y como dijo estaba vendada en algunas partes del torso. Mis ojos volvieron a ella con incertidumbre. Quería hablar, pero mi voz no salía y no sabía si era por miedo o simplemente no podía encontrar palabras para toda la confusión que rondaba en mi cabeza. Ambas quizás.

— ¿Qué — me aclaré la voz— qué pasó? ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?

— Muchas preguntas, Niña. Ya habrá tiempo para todo — hizo un movimiento con con las manos para restarle importancia al asunto— ya estás mejor y eso es lo importante. Soy Nora, la enfermera de la academia y ahora mismo voy a pedir que te traigan de comer. Estuviste en coma por una semana y debes tener hambre, muchacha.

— ¡Una semana! — exclamé exaltada— ¿Qué demonios pasó?

— Muchacha, la boca. Ya te dije: ya habrá tiempo para todo.

Y así sin más, se fue dejándome sola en la inmensa habitación. Me dejé caer nuevamente sobre la cama llevando una mano mi frente, suspiré pensando en todo lo que pasó. Un nudo apareció en mi garganta y sentí mis ojos llenarse de lágrimas. Dios, era todo tan estresante y aterrador. Estaba en un lugar desconocido, con personas desconocidas, había escapado del mismísimo infierno, y aún así no podía estar tranquila, mi conciencia me pedía a gritos que estuviese atenta a cualquier cosa, que observara mi entorno y buscara una forma de huir. Sin embargo mucho no pude pensar ya que mi estómago gruñó en señal de hambre.

"Cierto, la señora Nora dijo que estuve una semana a en coma. Es normal que tenga hambre".

Despacio me levanté de la cama, todavía adolorida. Me paré frente al gran espejo de cuerpo que había en la habitación y observé mi reflejo. Me veía fatal: ojeras marcadas, mi piel súper pálida —aunque de por sí mi piel es bastante pálida— mi cabello con ligeras ondas y me veía algo delgada. Vestía una camisa con pantalón azul oscuro de pijama, lo que me hacía parecer a un fantasma por mi palidez.

Con sumo cuidado cerré la puerta detrás de mi, procurando no hacer ruido, caminé por un pasillo bien iluminado. Era un pasillo ancho, con alfombra roja con bordes dorados, llegué a una gran escalera imperial de mármol blanco antigua. —Simplemente hermoso— En cuanto bajé el último escalón, me tomé el tiempo de examinar el vestíbulo.

Era inmenso, en el centro de dicho lugar había una mesa con una escultura de piedra, cuadros de distintos pintores conocidos decoraban el lugar, el piso era un hermoso tono grisáceo de mármol que combinaba perfecto con las escaleras, sin embargo, lo que más me llamó la atención e hizo que me quedase fascinada, fue la pintura del techo: la caída de Ícaro. Bellísimo.

— ¿Te gusta el arte? — me giré sobresaltada hacia la voz grave que escuché detrás de mí, ahí se encontraba el chico de anoche.

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