Por @Felix56758
🦋 La melodía que no se apaga Una historia que nace del corazón, sobre cómo la música de Stray Kids llegó a mi vida para enseñarme a ser valiente, a creer en mí misma y a entender que cada uno tiene su propio camino que recorrer 💞
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Capítulo 1: Los días que parecían no terminar
Hubo una época en la que sentía que el mundo entero iba demasiado rápido, y yo me quedaba atrás, como si no encajara en ningún lugar. A veces me sentía pequeña, con miedo de mostrar lo que realmente soy, pensando que mis sueños eran demasiado grandes para alguien como yo. Había días en los que solo quería esconderme, y el silencio de mi habitación se hacía más pesado que todo lo demás.
En la escuela, me costaba alzar la voz incluso cuando sabía que tenía razón. En casa, a veces sentía que nadie entendía lo que sentía, como si mis preocupaciones fueran demasiado pequeñas para importar o demasiado grandes para ser explicadas. Caminaba por las calles de mi barrio mirando el suelo, temiendo que alguien me juzgara por cómo me veo, por lo que me gusta, por no ser como los demás esperan. Me convencí de que mis deseos de cantar, de crear, de llegar lejos, no eran más que fantasías que se quedarían solo en mi cabeza.
Fue entonces cuando, casi por casualidad, escuché una canción que cambió todo. No tenía nada especial al principio, pero en cuanto empecé a oír las voces, sentí que alguien me estaba hablando directamente al corazón. Era Stray Kids. La primera vez que sonó Hellevator, no entendía todas las letras, pero sentía cada palabra como si la hubiera escrito yo misma: la sensación de estar atrapada, de buscar una salida, de tener esperanza aunque todo parezca oscuro.
Desde ese momento, cada vez que me sentía así, ponía su música y todo cambiaba. Dejaba de sentirme tan sola. Sus letras no hablaban de cosas perfectas o irreales: hablaban de luchar, de caerse y levantarse, de tener miedo pero seguir adelante, de buscar su propio camino aunque nadie más entendiera. Y yo pensaba: “Si ellos pudieron, tal vez yo también pueda”.
No fue algo de un día para el otro. Poco a poco, sus canciones se convirtieron en mi refugio. Cuando me sentía triste, escuchaba esas frases que me daban fuerzas. Cuando dudaba de mí misma, me repetía lo que ellos cantaban: que soy valiosa, que mi voz importa, que no tengo que ser igual a nadie para brillar. Aprendí que el miedo no significa que debas detenerte, sino que estás a punto de hacer algo que realmente vale la pena.