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Escabiados

Escabiados

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jearmimi

Por @jearmimi

📚 Young Adult
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español argentino
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Las para nada cuestionables aventuras de Lucía, Marcos y Amelia trabajando en una oficina mientras descubro cómo funciona esta página.


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―Atención todos, por favor ―se aclara la garganta, se desliza un mechón azabache detrás de la oreja, y dice, parada delante de la puerta del Sub-Editor Jefe―, me llamo Lucía Amares, a partir de hoy estoy a cargo de este departamento.

Varios empleados se miran entre sí, dudosos de si de verdad ella es el nuevo jefe.

―Tengo veintisiete años. Sí, soy media joven para el puesto. No, no me recibí ayer. Si alguien tiene alguna pregunta o lo que sea, es bienvenido en mi oficina. Estoy ansiosa de empezar a trabajar con ustedes ―hace un movimiento con el brazo tratando de poner el énfasis que a sus palabras le faltaron.

Da por finalizada la mediocre presentación y entra a su oficina. Es claro el debate entre los empleados de si deberían darle importancia a la actitud irónica y claramente incómoda de Lucía, pero la decisión general es regresar a trabajar.

Hay algo de Lucía que llama mucho la atención de Amelia y es cómo Marcos no despega sus ojos de la puerta de su oficina, ni siquiera cuando parece que ya lleva algunos minutos sin parpadear. Frunce el ceño.

―Pajero ―murmura girándose para reanudar su trabajo.

A la hora del almuerzo, Amelia camina veloz. Sus pequeños tacones resuenan en el piso de la oficina mientras regresa del baño. Se sienta en su silla y voltea a Marcos, que come despacio, concentrado en su teléfono.

Va a decir algo, pero siente el casi imperceptible sonido de una puerta abriéndose. Marcos se pone alerta, gira la cabeza rápido y su cabello ocre acaricia sus mejillas por el movimiento. Amelia eleva una ceja.

Lucía sale de la oficina con la cabeza inclinada sobre su celular. El blazer y el pañuelo que había usado en el cuello cuando se presentó desaparecieron, dejando solo la camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados y remangada.

Amelia se vuelve a Marcos. Lo ve respirar profundo y levantarse de la silla, yendo hacia Lucía.

―Un placer, Lucía, me llamo Marcos ―Amelia ve con claridad los nervios de él, pero su sonrisa tímida no se borra―, vos sabés, ya sabíamos que iba a haber un nuevo jefe, por lo cual habíamos planeado algo para darle una calurosa bienvenida.

Lucía lo mira con los ojos apenas entrecerrados, asimilando lo que dice. Asiente y quedan en silencio.

―¿Entonces…? ―le da pie para que continúe. Están parados junto a los ascensores.

―¿Vas a venir?

―¿A dónde se supo–?

El celular de Marcos comienza a sonar, interrumpiendo a la otra.

―Disculpá, es que…

―Sí, claro, contestá.

―Gracias, entonces, esta noche. ¡Nos vemos! ―exclama veloz y toma la llamada sin darle oportunidad a ella de negarse.

Amelia sigue observando la escena. Cuando ve que Lucía se mete al elevador, corta.

―¿Para qué me llamaste? ―pregunta Marcos sentándose a su lado y reanudando su almuerzo.

―Para evitar que te humilles.

―¡Ey! ―frunce el ceño―, fui simpático, ¿sí? Algo que no te vendría mal practicar.

Ella chasquea la lengua―, cerrá el orto, sos lo menos simpático de la oficina ―bufa―. Además, ¿a dónde la invitaste? Nadie planeó nada.

Marcos se encoge de hombros mientras muerde su sánguche. Ella suspira.

―Acepto sugerencias ―agrega él cuando traga.

Amelia lo piensa un rato mientras come. El ascensor tintinea abriéndose en el piso y es el anuncio de una idea llegando a la cabeza de ella.

―Podrías llevarla a… ―Amelia comienza a hablar, pero frunce el ceño cuando ve los ojos de Marcos fijos en algo detrás de ella. Se voltea y ve a Lucía pasar de regreso a su oficina con un combo de McDonalds. Chasquea sus dedos en la cara del otro―. Che, te estoy hablando.

―No jodas, estoy ocupado ―murmura frunciendo el ceño, siguiendo a la otra hasta que cierra la puerta de la oficina―. ¿Qué decías?

―Que sos un pelotudo y que podrías llevarla a–

―¿Al bar de las tortas? Dejate de joder con eso, te dije que no quiero ir.

Amelia levanta las cejas y se cruza de brazos.

―Las pelotas te voy a ayudar ahora.

Camina concentrada en su celular, sin mirar a sus alrededores. Fue tranquilo el primer día en su nuevo puesto, es decir, demasiado tranquilo. Espera que siempre sea así.

―¡Lucía! ―El llamado la saca de sus pensamientos y, de paso, también la asusta―. ¡Un placer! Me llamo Amelia y seré tu escolta esta noche. ¿Lista para irnos?

―¿A dónde? ―Amelia suelta una risa rara, quitándose un mechón rubio de la cara, y Lucía se pregunta si debería seguir escuchándola.

―A tu fiesta de bienvenida.

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