logo

Iniciar SesiónRegistrarse
Cuando el parque nos encontró

Cuando el parque nos encontró

Comenzar historia
taekoktty

Por @taekoktty

📚 Todo público
🌎 Español
© Todos los derechos reservados
Finalizada
Drama
Adultos Jovenes
Romántico
Juvenil

Un parque. Una banca vacía. Una canción repetida demasiadas veces. Cuando el parque nos encontró es un relato corto extraído de una futura novela romántica y dramática sobre el amor, la espera y las personas que llegan demasiado tarde a entender lo que sienten.


Lecturas

57

Capítulos

1

Me gusta

87

Recuerdo esa noche del baile. Lo nerviosa que me sentía con el pasar de las horas. Había logrado animarme a invitar a Thomas conmigo, y él me dijo que si.
Estaba tan emocionada esa tarde antes de verlo. Me había comprado un vestido para la ocasión, aunque tenía miedo de haber exagerado. No dejaba de revisar mi celular para ver la hora o ver si tenía algún mensaje suyo.
Cuando faltaba una hora por fin me llegó un mensaje de él. Fue corto, pero lo suficientemente lindo para lograr alterarme.
"Ya quiero verte"
Cuando por fin subí al auto para ir al lugar del baile sentía mis manos transpirar de los nervios. Me pellizque los dedos emocionada, queriendo ya estar ahí para verlo.
Había mucha gente y eso que aún era temprano. Me senté en una esquina esperándolo a él, hasta que después de unos minutos sentí unas manos tapándome los ojos, unas manos cálidas que reconocería en todas partes.
-Adivina quien soy.
-Thomas... -dije susurrando su nombre-
Él se rió y me dejó verlo, por fin. Se veía muy atractivo, y no pude evitar sentir un calor en mi pecho cuando me sonrió. Últimamente sentía cosas raras hacia él.
Hablamos por mucho tiempo hasta que las luces se apagaron y la música resonaba por todo el lugar. Ambos empezamos a hacer el tonto, bailando de una forma muy rara solo para hacer reír al otro.
Todo parecía un sueño. Era por lejos la mejor noche de mi vida. Thomas y yo parecíamos estar en nuestro propio mundo, aunque estuviésemos rodeados de miles de personas.
En cierta parte de la noche me halagó, diciendo que me veía muy linda esa noche y que mi nuevo vestido era precioso. Eso me hizo sentir un cosquilleo y sentí mi cara arder un poco.
Recuerdo también el momento en el que pusieron una de mis canciones favoritas de ese tiempo. La cante con sentimiento, y él se me quedó mirando con cariño, riéndose cuando yo lo miraba a él avergonzada.
En algún momento ambos estuvimos tan cansados que decidimos ir a sentarnos a una esquina en dónde no llegaban muy bien las luces. La música seguía escuchándose, pero ambos estábamos sumidos en un silencio cómodo.
Me miró de vuelta, a lo que yo imite el gesto. Todo lo raro que había estado sintiendo durante esa noche se acumuló de golpe al verlo a los ojos. Nos miramos fijamente, y no parecíamos estar muy incómodos.
Rompí el contacto visual después de un minuto al sentirme demasiado tímida.
-¿Por qué estás tan nerviosa?
Lo mire asombrada, fingiendo que no sabía de lo que hablaba. Pero mi corazón traicionero empezó a alterarse aún más.
-¿Yo? ¿Nerviosa? ¿Por qué lo decís?
-Cuando estás nerviosa haces muchas preguntas.
-¿Qué dices?
Me sonroje aún más porque me di cuenta de que tenía razón. Él se empezó a reir y me contagio a mi también.
-Extrañaba tener estos momentos con vos. Últimamente no tengo tanto tiempo para vos como antes ¿No?
Me sorprendió que se haya dado cuenta de eso. Había notado que empezaba a crecer una distancia pequeña entre nosotros, pero creí que él no se había dado cuenta. Desvíe la mirada un tanto agobiada, pero sentí que sus dedos rozaban con los míos en el piso.
-Perdon Eli, prometo darme más tiempo para estar con vos.
Nos miramos otra vez, mientras nuestros dedos se seguían rozando, pero sin tocarse. Mi mechón de pelo cayó como siempre y él me sonrió, colocándolo detrás de mi oreja como acostumbraba a hacerlo.
Eso me hizo sentir una corriente por todo mi cuerpo. Empecé a sentir la tensión entre ambos, pero ninguno parecía querer hacer algo al respecto.
Fue la nueva canción que pasaron lo que hizo que nos separemos. Thomas se había puesto feliz porque estaban pasando su canción favorita e hizo que ambos fueramos de vuelta a bailar.
No pude concentrarme después de ese momento tan intenso. ¿Por qué hacia como que no había pasado nada? ¿Y por qué me altere tanto si se suponía que éramos amigos?
La noche paso entre bailes divertidos, cantar canciones a todo pulmón y anécdotas graciosas en cuanto la música bajaba un poco.
Llegó el final del baile a eso de la madrugada. No quería que esa noche tan mágica terminara después de todo lo que significó para mí.
Al apenas salir el frío me golpeó con fuerza, pero Thomas me puso su campera rápido, envolviendome en su perfume. Me ofreció llevarme a casa y no pude negarme, sentía mi cuerpo temblar.
Durante el viaje él no dejaba de hablar sobre lo bien que lo había pasado, sobre las canciones y sobre los bailes raros que hacíamos. Me saque la campera y la dejé en los asientos de atrás, aunque su perfume se me había quedado impregnado. Me rei con él, pero estaba más concentrada en deducir que era lo que estaba sintiendo desde que lo ví entrar al baile.
Sus miradas, sus gestos, sus palabras. Todo había sido demasiado hermoso esa noche, y mi corazón traicionero estaba sintiendo cosas que nunca creí que iba a sentir por él.
Lo miré mientras seguía hablando sobre todo. La forma en la que arrugaba su nariz al hablar de algo que le disgustaba, la forma en los que sus ojos se achicaban al sonreír, su sonrisa tan encantadora, sus movimientos de manos para expresarse. Me permití darle más atención de lo que había hecho antes y caí en cuenta de que era muy atractivo.
Llegamos a mi casa después de unos minutos hablando en el auto. Él no lo apagó, pero tampoco había sacado el seguro de la puerta para que me baje. Y yo tampoco estaba segura si quería bajarme y ponerle fin a todo lo que había pasado hoy.
-La pase muy bien, Eli. Está noche fue...
-Perfecta -complete, sacándole una sonrisa-.
-Perfecta -repitio-. Gracias por invitarme, disfrute como hace mucho no hacía.
Nos quedamos mirando en silencio y sentí eso en el pecho otra vez. La tensión seguía ahí, aunque estaba sospechando que siempre estuvo entre nosotros, pero ninguno de los dos se había dado cuenta antes.
Él me rozo la cara con su mano, como acostumbraba a hacerlo antes de despedirme. Pero se sintió extrañamente distinto está vez, como si lo estuviese haciendo mucho más cariñoso que antes.
-Nos vemos, Eli.
No sabía en ese momento que nunca nos íbamos a ver siendo amigos de vuelta, que todo estaba por cambiar de una forma horrible. Por eso le sonreí con amor y asentí, acercándome a él y dándole un beso en la mejilla.
-Nos vemos, Thomas. Espero verte en los entrenamientos para reírme de que no hagas ni una canasta.
Él se rió con fuerza. Era la última risa que iba a escuchar de él, aunque no lo sabía.
-Espero verte ahí entonces.
Asentí y le sonreí por última vez, bajandome del auto y despidiendolo con la mano. Vi el auto irse hasta que lo perdí entre la oscuridad de la noche. Me abrace a mi misma por el frío que sentía, pero no quería entrar a mi casa todavía, quería ser esa chica que había ido al baile con un chico que le hacía sentir mariposas en el estómago. Y entonces, en el frío de la noche de invierno, comprendí que ya no veía a Thomas como el amigo que siempre fue. Ahora lo veía como el chico que me gustaba, y me asustó reconocerlo.
Me di la vuelta y entre a mi casa, dándole fin a esa noche tan mágica, esa última noche en la que ambos fuimos amigos.
Desde que acepté que me gustaba él, no lo volví a cruzar con la misma frecuencia que antes. El baile estudiantil había cambiado por completo mi forma de verlo, de quererlo, de apreciarlo. Lo sentí desde que lo conocí, pero no quise ponerle un nombre por el miedo a reconocer que sentía amor por él.
En la noche del baile, Thomas había actuado incluso un poco más cariñoso que otros días. La forma en la que me abrazó al caminar juntos, esa mirada tan suave y dulce que me dedicó cuando me vió cantar, aquella sonrisa tímida después de nuestro coqueteo sutil. No quería seguir escondiendo lo que sentía, a pesar de que aceptarlo me daba miedo.
Fui a los entrenamientos de básquet después del baile con la esperanza de encontrarmelo y poder hablar de esto que venía guardando, pero él dejo de ir misteriosamente. Durante dos semanas intenté encontrarlo, pero no había rastro de él. Comencé a frecuentar los lugares en los que sabía que él iba a estar, pero tampoco tenía éxito. Parecía que después del baile él se había esfumado.
También había dejado de responderme con la misma frecuencia que antes.¿Qué pasaba por su cabeza para que después de esa noche, él decidiese ignorarme como si nada hubiese pasado entre nosotros?
A la tercera semana empecé a rendirme. Recuerdo ese día como si hubiese sido ayer. Mis amigas hablaron conmigo, y una de ellas me dijo una frase tan verdadera como dolorosa.
-¿Y si él te está evitando porque no siente lo mismo y teme lastimarte con la verdad?
Mis amigas se enojaron con ella por sus palabras, pero yo agradecí su sinceridad. No me había puesto a pensar en que quizá no era correspondida como me lo había imaginado. Quizá todas esas preciosas interacciones que tuve con él, solo yo las viví con esa intensidad. Mientras que para él solo podían ser gestos normales hacia una amiga.
Ellas siguieron discutiendo todas las posibilidades sobre el paradero de Thomas, pero yo estaba pensando en las razones que tenía para no querer hablarme ni verme. ¿Yo malinterprete todo?
Durante esas tres semanas también fui al parque a sentarme en la banca de nosotros, esperando verlo aparecer con esa sonrisa en su rostro y con sus auriculares en mano, listo para recomendarme una nueva canción de su playlist. Pero no pasó nada de eso. Esperaba horas en la banca, entreteniendome con cualquier cosa para no irme de ahí con mis esperanzas por el piso.
La última vez que me fuí de la banca me encontraba recordando la última canción que me había recomendado; Nothing like us. Una canción que yo atesore, creyendo que era una forma indirecta de decirme lo que pasaba entre nosotros.
Los días pasaban y el silencio seguía ahí, al igual que mi dolor.
Se cumplió un mes y finalmente pude saber algo de Thomas. Él había ido al entrenamiento el día en el que yo no fuí.
Había hablado con sus amigos, y uno de ellos le preguntó por mi. Me emocioné cuando me contaron eso, creyendo que él iba a decir que estaba todo bien conmigo y que nada había cambiado, pero grande fue mi sorpresa cuando mi amiga, con lastima en su rostro, me contó de que Thomas no dijo nada y evitó el tema.
Estaba claro que debía hablar con él cuánto antes. No podía dejar que las cosas empeoren más de lo que estaban. Fuí ese mismo día al entrenamiento y tuve suerte; él estaba ahí en la cancha, jugando tan bien como siempre. Su rostro tenía una calma envidiable, pero todo eso se esfumó cuando ambos cruzamos miradas. No supe bien cómo tomar ese gesto que hizo al verme, esa cara entre apenado y molesto. ¿Qué le pasaba?
Estuve en las gradas las horas que duraba el entrenamiento y cuando por fin terminó, lo fui a buscar. Él intentó inútilmente escaparse, pero logré interceptarlo en la salida, mirándolo con tristeza.
-¿Por qué me evitas? ¿Estás enojado conmigo?
-No te estoy evitando, solo estuve ocupado.
-¿Y por qué casi escapaste cuando me viste que venía hacia acá?
La forma en la que se empezó a morder el labio sutilmente a la vez que esquivaba mi mirada me decía todo; estaba nervioso. Yo no sabía que pensar; el día de baile estuvimos tan bien, y ahora había una especie de muro invisible entre nosotros, y Thomas parecía decidido a no dejarme cruzarlo.
Escuché detrás de nosotros una voz llamandolo, y esa fue su excusa para escaparse sin darme ninguna otra respuesta. Me quedé ahí con todas mis preguntas, pero sabía que algo andaba muy mal. La noche del baile cambió muchas cosas, y recién estaba cayendo en cuenta de eso.
Los días pasaron y la comunicación entre Thomas y yo fue casi escasa. Pasamos de hablarnos todos los días a solo saludarnos muy de vez en cuando. Ya no intercambiabamos mensajes o videos graciosos, ahora solo había una fecha de hace un mes en el último mensaje. Con cada día que pasaba, más me dolía la distancia que él iba poniendo entre nosotros. Y lo peor era que a pesar de todo, yo ya estaba enamorada de él, y no podía negarlo más aunque quisiera.
Me dolía acordarme del Thomas atento y cariñoso con el que estaba acostumbrada a tratar. Ahora solo estaba el Thomas frío, ese que no venía los sábados a recomendarme una canción, el que no se reía conmigo al verme jugar básquet, el que no me daba la mano cada vez que estaba nerviosa así no me lastimaba sin darme cuenta, el que notaba cada uno de mis detalles en silencio.
Lo que más me dolió sucedió en el último entrenamiento al que fuí para intentar, inútilmente, hablarle otra vez. Al terminar el entrenamiento comenzó a llover. Lo espere en la puerta trasera, esperando que él apareciera con su paraguas a acompañarme a mi casa.
Eso no pasó. Al final fui a casa sola, empapada hasta con mis propias lágrimas.
Pero toda esta situación tuvo un horrible desenlace. No me había dado cuenta que estaba dejando de esperarlo poco a poco, simplemente me había acostumbrado a ese silencio que él mismo creo.
Ese día estaba en la banca, pero no esperándolo a él. Cuando lo ví aparecer con sus auriculares en mano. Él no esperaba verme ahí, lo noté en sus ojos cuando me vio sentada y asombrada. Aún así se sentó alado mío. Esperé que él dijera algo, que actuara como el Thomas de siempre, pero solo había silencio.
Hasta que me animé a romperlo.
-¿Qué haces acá?
-Siempre vengo.
-Desde lo del baile no.
Otra vez ese silencio. Mi corazón palpitaba tan fuerte que creí que en algún momento él lo iba a escuchar.
-¿Hay algo que quieras decirme?
Por fin dijo esas palabras que tanto quería escuchar, pero las dijo con una frialdad que no era usual en él. Me removí incómoda en mi lugar, pero aún así encontré la valentía para hablar y decirle lo que tanto me pesaba.
-¿Por qué me evitaste?
-No te estaba evitando, solo quería pensar.
-¿Pensar en qué? -insisti-
Él por fin me miró a los ojos. Le sostuve la mirada, pero no podía sostener mi corazón, que con cada palabra dolía más y más.
-Elissa ¿Hay algo que quieras decirme? -insistió, y comprendí que él ya sabía la verdad-
A mí mente vino ese recuerdo tan lindo de la primera vez que nos vimos en la banca. Había usado esa misma frase para hacer una broma, pero ahora esa frase la usaba para que yo le dijera ese secreto que tanto me pesaba.
Me tomé un minuto para ordenar mis pensamientos. Sabía que lo que iba a decirle ahora iba a cambiar absolutamente toda nuestra relación. Él me dió señales muy ambiguas, y aún así decidí ilusionarme y termine enamorándome. Ahora debía hacerme cargo de lo que sentía.
Sin darme cuenta agache la cabeza, buscando acomodar mis pensamientos. Me pellizque los dedos sin darme cuenta y el mismo mechón de pelo de siempre cayó en mi rostro. Esperaba que él me lo pusiera detrás de mi oreja como acostumbraba a hacer, pero solo se quedó quieto mirándome, como si tocarme ahora era algo que no podía hacer.
-El baile -comencé, escuchando mi voz un poco más aguda por los nervios- me hizo dar cuenta de algo muy importante que estaba queriendo ignorar. Sabía que si lo guardaba más, iba a doler peor, pero no pude encontrarte antes para hablarlo.
Hice una pausa para mirarlo. Él me miraba mientras me escuchaba con paciencia, pero no había rastro de la sonrisa que antes me regalaba.
-La verdad es que no puedo verte solo como el buen amigo que sos. No puedo seguir fingiendo que sos solo mi amigo. Mientras más te veía y conocía, más iba dándome cuenta de lo que sentía. Y tengo miedo de decirlo, claro, pero se que no voy a poder seguir guardandolo. Me gustas Thomas, y no sé que hacer con esto que siento. Mucho menos ahora que las cosas parecen estar tan raras entre nosotros. Si estás así por algo que hice en el baile, te pido perdón. No quise incomodarte en ningún momento. Lo único que quiero ahora es saber si, aunque yo sienta esto por vos, podrías darme la oportunidad de seguir siendo tu amiga.
Recuerdo las esperanzas que tenía después de esa estúpida confesión. Una parte de mi imaginó que Thomas me correspondía, que decía que esa distancia fue porque él tampoco quería aceptar lo que sentía hacia mí. Todavía había una parte de mí que quería creer en nosotros.
La otra parte imaginaba que Thomas no me aceptaba, pero que aún así me consolaba y me decía que siempre íbamos a ser amigos, sin importar nada más.
Ambas partes se destruyeron ese mismo día.
Thomas me miró asombrado. Abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio. Después solo se levantó de la banca y se fué, dejándome con las últimas esperanzas de amor en las manos, y con un corazón destrozado.
Me quedé sentada creyendo que iba a volver y disculparse, que iba a decirme algo, pero los minutos pasaron y solo llegaron mis lágrimas.
Ese día llegué a mi casa con un vacío en el pecho, porque entendí que Thomas ya no era la persona que conocía y que nunca iba a poder recuperar la hermosa relación que tenía con él. Y todo esto había pasado porque me enamoré aún sabiendo que no era correspondida.
La canción dejo de aparecer en mi playlist de un día para el otro, mientras que yo seguía llorandole al recordar nuestras charlas, nuestras canciones compartidas, nuestros abrazos... Deje de ir a los entrenamientos y a todos los lugares que frecuentaba, porque iba a dejarlo ir, aún sabiendo que eso me iba a destrozar más de lo que ya estaba.
En los entrenamientos mis amigos preguntaban por mi, y algunos chicos le preguntaban a Thomas sobre porqué no estaba yendo a verlo. No me enteré de lo que él decía, y quería seguir sin enterarme nada de él.
El chat de nosotros seguía sin recibir ni un solo mensaje, pero aún seguía la fecha del último mensaje, que había sido hace ya un mes. Un día estuve cocinando con música y mi playlist reprodujo "Nothing like us". A mí mente vinieron todos esos recuerdos que intentaba olvidar con el tiempo.
Su contacto, antes con foto de perfil, ahora me mostraba un icono en gris, como si esa persona con la que tanto hablaba nunca hubiese existido. El usuario de redes sociales dejo de mostrarme su nombre y ahora solo era un usuario más entre tantos. Casi parecía que él nunca había llegado a mi vida.
La banca empezó a acumular polvo, a pesar de que seguía yendo, aunque no con la misma frecuencia. Logré volver a los entrenamientos y nunca me lo encontraba ahí, algo que lograba relajarme. También volví a ir seguido a esa banca en dónde me habían dejado con todo el amor en las manos. Solo que ahora la banca estaba fría y parecía una banca más de todas las que habían en el parque, aunque tenía toda una historia de ambos chicos que alguna vez fueron el mundo del otro.
Un día me empecé a dar cuenta de que ya no lo pensaba con tanta frecuencia que antes, inclusive pasaba días enteros sin pensarlo hasta que un mínimo detalle me hacía acordar de él. Seguía doliendo, la cicatriz no había cerrado y todavía faltaba mucho para que sane, pero estaba avanzando poco a poco.
O al menos eso pensaba hasta que nos cruzamos en la calle. Él me miró con esa mirada tan profunda que tenía, y creí ver tristeza en sus ojos, pero aparté la mirada enseguida y seguimos de largo, como si nunca nos hubiésemos conocido. Éramos dos extraños, pero unos que habían compartido una parte de su vida con el otro.
Aquel día llegué a casa y dejé sonar la canción durante horas, preguntándome si algún día él volvería y me pediría ser amigos de vuelta.
¿Pero como se repara algo que ya está roto?
El frío del invierno empezaba a irse, siendo reemplazado por los días templados del otoño. Un día me encontré en su chat, escribiendo un mensaje corto, pero demasiado sincero.
"Te extraño ¿Podemos hablar?"
Sin embargo nunca se lo envíe. Decidí borrarlo así como también borrar de una vez nuestros recuerdos.
Hice una nueva rutina, una que no implicaba ir a los entrenamientos de básquet. Empecé a salir con mis amigas, empecé a conocer a otros chicos, inclusive logré empezar a escuchar esa canción sin pensar en él. La primera vez que la escuché y la disfruté me sentí culpable por no sentirme triste, pero entendí que no podía dolerme por siempre una canción.

Comenzar historia