logo

Iniciar SesiónRegistrarse
Conectados por un viaje

Conectados por un viaje

Comenzar historia
Danonino

Por @Danonino

📚 Todo público
🌎 Español
© Todos los derechos reservados
Drama
Romántico
Juvenil
#nomeolvides
#arteyamor
#cansadodelarutina
#superar
#celos
#viaje
#londres
#romántico
#triste

Emma viajó a Londres buscando inspiración para volver a amar el arte y escapar de una rutina que había dejado de hacerla feliz. Lo último que esperaba era conocer a Ethan, un hombre tan perfeccionista como misterioso, capaz de encontrar belleza en los lugares que nadie miraba... aunque fuera incapaz de verla en sí mismo. Y nunca imaginó cuánto podía cambiar una vida antes de volver a encontrarse bajo el mismo cielo.


Lecturas

8

Capítulos

1

Me gusta

6

Hay ciudades que uno visita para tacharlas de una lista.
Y hay otras que parecen esperarte desde mucho antes de que compres el pasaje.

Londres era una de ellas.

Cuando el avión tocó la pista, apoyé la frente contra la ventanilla y vi cómo la lluvia dibujaba pequeños caminos sobre el vidrio. Sonreí sin darme cuenta. Siempre imaginé que esa ciudad olía a café recién hecho, a libros viejos estaba cumpliendo uno de los sueños de pequeña, mi pequeña interior estaba feliz de llegar pero solo yo sabía porque estaba ahí, no le había dicho a nadie excepto a mi profesor de arte que me iba de viaje.

Unos minutos después, arrastraba mi valija por la terminal con una mezcla de emoción y miedo. Todo era distinto: las voces, los carteles, la forma en que la gente caminaba con tanta seguridad, como si supiera exactamente hacia dónde iba.

Yo no.

Y, por primera vez en mucho tiempo, eso no me asustaba.

Durante años mi vida había sido una sucesión de días idénticos. Me despertaba a la misma hora, tomaba el mismo colectivo, pintaba los mismo y volvía a casa preguntándome en qué momento había dejado de pintar por placer.

Mis cuadros estaban llenos de color.

Yo, no tanto.

Cuando surgió la oportunidad de viajar para preparar mi primera exposición, acepté antes de que el miedo pudiera convencerme de quedarme.

No vine a Londres para convertirme en una artista famosa.

Vine porque necesitaba recordar quién era cuando nadie esperaba nada de mí.

Respiré hondo al salir del aeropuerto. El aire era frío y húmedo. Levanté la vista. El cielo estaba completamente gris.

—Supongo que vamos a llevarnos bien —murmuré para mí, acomodándome la bufanda.

No tenía amigos esperándome.

No conocía la ciudad.

Ni siquiera sabía si iba a ser capaz de pintar una sola obra que realmente me gustara.

Lo único que tenía era una dirección escrita en un papel, una valija demasiado pesada y esa sensación extraña de que algo estaba por cambiar.

Todavía no sabía qué.

El taxi avanzaba despacio entre edificios de ladrillo, autobuses rojos y personas que caminaban con paraguas. Yo no podía dejar de mirar por la ventana mientras obviamente escuchaba taylor swift en los auriculares. Cada esquina parecía una pintura distinta. Había algo en esa ciudad que hacía que incluso el gris tuviera color.

Apoyé la cabeza contra el vidrio y sonreí.

Tal vez eso era lo que había venido a buscar.

No una ciudad perfecta. Si no una que vuelva romántico cada rincón.

Cuando el taxi se detuvo frente al pequeño edificio donde iba a alojarme durante los próximos meses, el corazón empezó a latirme tan fuerte que por un momento pensé en volver a subir y pedirle al conductor que me llevara otra vez al aeropuerto.

Era ridículo.

Había cruzado miles de kilómetros para llegar hasta ahí... y ahora tenía miedo de tocar un simple timbre.

—Dale... ya llegaste —me dije en voz baja.

La dueña del alojamiento era una mujer mayor de sonrisa cálida. Me recibió con un abrazo inesperado, como si me conociera desde hacía años.

—Bienvenida. Espero que esta ciudad te trate bien.

No supe qué responder.

Yo también esperaba lo mismo.

Mi habitación era pequeña, pero tenía una ventana enorme. Desde allí podía verse una calle llena de árboles y una cafetería en la esquina. Había bicicletas apoyadas contra una farola, un violinista tocando bajo un toldo y una pareja que discutía mientras compartía un paraguas.

Era extraño.

Nunca había visto una ciudad tan viva sin necesidad de hacer ruido.

Dejé la valija a un costado de la cama.

Saqué mi caja de pinturas, mis pinceles y el cuaderno que llevaba conmigo desde los quince años.

Era el único objeto que había estado presente en cada etapa de mi vida.

Lo abrí.

La primera página estaba completamente en blanco.

Podría haber pintado cualquier cosa.

Las casas.

La lluvia.

Los árboles.

Pero mi mano no se movió.

Después de tantos años pintando para otros, me di cuenta de que ya no sabía qué quería pintar yo.

Cerré el cuaderno con un suspiro.

Tal vez ese era el verdadero motivo por el que había viajado hasta Londres.

No estaba buscando una ciudad.

Estaba buscándome a mí.

Sin pensarlo demasiado, me puse un abrigo, guardé el cuaderno en mi mochila y salí a caminar.

No tenía un destino.

Solo quería perderme un rato.

Porque, a veces, uno encuentra las mejores cosas justo cuando deja de buscarlas.

Comenzar historia