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Antes que me olvides.

Antes que me olvides.

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minyoongi

Por @minyoongi

📚 Todo público
🌎 Español
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Finalizada
Drama
Adultos Jovenes
Romántico
LGTIBQ+
Fanficción
stray kids
stay
love stay
minsung

La cura llegó a tiempo, el amor no.


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Se habían conocido cinco años antes, en la fila de un cine casi vacío un miércoles de lluvia, discutiendo los dos por la última entrada disponible para la misma función de una película que después ninguno de los dos terminaría recordando bien. Jisung, con esa costumbre suya de resolver todo con humor, le había propuesto compartir la butaca en broma, y Minho, que en general no se reía de los desconocidos, se había reído de una manera que lo sorprendió a él mismo.

Terminaron viendo la otra función de la película juntos, sentados uno al lado del otro, robándose miradas más que atención a la pantalla, y saliendo del cine caminaron cuatro cuadras de más solo para seguir hablando, hasta que la lluvia los obligó a refugiarse bajo el toldo de una panadería cerrada, donde Minho juntó coraje para pedirle el número, convencido de que si no lo hacía esa noche no iba a volver a cruzárselo nunca.

No fue un amor de golpe, de esos que se instalan sin aviso: fue un amor que se construyó de a poco, con citas torpes y con la paciencia de dos personas que habían tenido relaciones anteriores que no funcionaron y que por eso mismo se cuidaban de no apurar nada. Se mudaron juntos recién a los dos años, a un departamento chico de dos ambientes en Almagro que fueron llenando, mes a mes, de objetos que contaban su historia: una biblioteca armada entre los dos un domingo entero, un cuadro torcido que nunca corrigieron porque a los dos les daba gracia, plantas que Minho mataba sistemáticamente y que Jisung reponía sin quejarse. Fueron, durante esos primeros años, la clase de pareja que sus amigos envidiaban un poco: cómplices, tranquilos, capaces de reírse de lo mismo durante años sin que el chiste perdiera gracia.

La primera vez que Jisung olvidó algo importante, ninguno de los dos le dio demasiada importancia. Fue un martes cualquiera: Minho había llegado del trabajo y le había preguntado si se acordaba de que esa noche cenaban con Mina, su hermana, para celebrar su cumpleaños. Jisung lo miró con una sonrisa vacía, la sonrisa de quien está tratando de reconstruir algo que se le escapó de las manos, y dijo "¿qué cumpleaños?", como si la pregunta misma no tuviera sentido. Se rieron. Minho le dijo que a los veintinueve años ya estaba viejo, que se le estaba yendo la cabeza, y esa noche, mientras manejaban hacia lo de Mina, Jisung se rió también, aunque por dentro sintió algo parecido al miedo, un miedo pequeño y sin forma que no supo nombrar todavía.

Los olvidos siguieron, al principio espaciados, después más seguidos, hasta que se volvieron imposibles de explicar con el cansancio o el estrés del trabajo. Han, que era arquitecto y que durante años había manejado en su cabeza planos enteros de edificios sin necesidad de mirar los papeles, empezó a perderse en el camino de vuelta a su propia casa.

Una tarde llamó a Minho desde una esquina que no reconocía, con la voz quebrada, diciendo que no sabía cómo había llegado hasta ahí ni cómo volver, y Minho lo fue a buscar con el corazón latiéndole en la garganta, tratando de convencerse de que era solo cansancio, solo estrés, solo un mal día.

Pero los malos días se acumularon hasta formar un patrón que ya no se podía ignorar, y fue Mina, en realidad, la que insistió en que Jisung fuera a hacerse estudios. "Esto no es normal a tu edad", le dijo, con esa autoridad de hermana mayor que no admite discusión, y después de semanas de resistencia, de negación, de bromas que ya no le salían graciosas a nadie, aceptó ir a un neurólogo.

Los estudios fueron largos: resonancias, análisis de sangre, pruebas de memoria que a Ivo le resultaban humillantes, preguntas simples que de pronto no podía contestar, secuencias de números que se le escapaban de la cabeza como agua entre los dedos. Minho lo acompañó a cada cita, sentado en la sala de espera con el estómago cerrado, tratando de no imaginar lo peor y fallando en el intento cada vez con más facilidad.

El día que llegaron los resultados, el neurólogo los hizo pasar a los dos juntos, algo que a Minho le pareció, en ese momento, un gesto de una ternura casi insoportable: no había asumido que fueran solo amigos, no les había preguntado nada, simplemente los trató como lo que eran, una pareja esperando una noticia que les iba a cambiar la vida. El médico habló despacio, eligiendo cada palabra con cuidado, y dijo la palabra que ninguno de los dos había querido pronunciar en voz alta durante las semanas de espera: Alzheimer de inicio temprano. Han tenía solo veintinueve años.

Hubo un silencio en el consultorio que a Minho le pareció eterno, un silencio en el que sintió que el mundo entero se reducía a ese cuarto pequeño con olor a alcohol y a las manos de Jisung, que había empezado a temblar levemente sobre su pantalón. El médico siguió hablando de plazos, de progresión, de tratamientos que podían enlentecer el avance de la enfermedad pero no detenerla, de la importancia de armar una red de apoyo, y Minho escuchaba todo como desde muy lejos, como si las palabras llegaran filtradas por agua.

Esa noche no durmieron. Se quedaron abrazados en la cama, sin hablar demasiado, porque no había palabras que alcanzaran para lo que estaban sintiendo, y en algún momento de la madrugada Han dijo, con una voz que trataba de sonar tranquila y no lo lograba del todo: "Tengo miedo de olvidarte." Minho lo abrazó más fuerte y le prometió, con esa clase de promesas que se hacen sin saber bien cómo se van a cumplir, que iba a hacer todo lo posible para que eso no pasara.

Fue Minho quien tuvo la idea, unas semanas después, un domingo a la tarde mientras miraban fotos viejas en el celular de Jisung, fotos del primer viaje que habían hecho juntos a Bariloche, de la primera Navidad que pasaron como pareja, de un montón de momentos pequeños que de golpe le parecieron preciosos de una manera nueva, casi dolorosa. "¿Y si empezamos a grabar todo?", propuso. "Videos, fotos, notas de voz. Para que, si en algún momento no te acordás, tengas algo a lo que volver. Para que sepas quién soy, quiénes somos, aunque la memoria te falle." Jisung lloró esa tarde, no de tristeza solamente sino de una gratitud que no sabía cómo expresar del todo, y a partir de esa conversación empezaron un proyecto que se convirtió, con el tiempo, en la columna vertebral de lo que les quedaba de vida juntos: una carpeta compartida en la que guardaban fotos de cada salida, videos cortos donde se contaban historias del pasado, notas de voz donde Minho le explicaba a Jisung, con la paciencia de quien sabe que quizás tenga que repetir lo mismo mil veces, cómo se habían conocido, qué apodos se ponían, qué canciones les gustaban bailar en la cocina los sábados a la noche.

Grabaron un video en la playa de Villa Gesell, en un viaje que hicieron aprovechando que Han todavía podía manejar distancias cortas sin perderse, donde Minho, con el sol pegándole de costado y el mar de fondo, miraba a cámara y decía: "Jisung, si estás viendo esto y no te acordás de mí, quiero que sepas que soy la persona que más te quiso en el mundo, y que este video lo hicimos juntos, riéndonos, un martes de enero en el que vos me ganaste una carrera en la arena a pesar de que hacías trampa." Han, atrás de cámara, gritaba que no había hecho trampa, y los dos terminaban riéndose tanto que el video se cortaba en medio de las carcajadas.

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